08 noviembre, 2016

Un olivar bajo el xirimiri

En el caserío Altuna de Vergara cultivan 700 olivos plantados en 2009, con cuyas aceitunas producen un aceite de oliva virgen extra 100% guipuzcoano. En el futuro esperan comercializarlo. 

Los 1.119 metros de altura que componen la mole caliza del monte Udalaitz son testigos de una pequeña transformación forestal frente a ella. Los olivos han sustituido a los pinos en una escarpada ladera del barrio Vergara de Angiozar. El aceite ha relegado a la madera. Una plantación experimental del siglo XXI sustituye a un cultivo del siglo XX.
El olivar se extiende en un terreno de dos hectáreas, donde los 700 árboles desafían la intensa humedad desde 2009, ayudados por una exposición sur que permite solearlos lo suficiente para producir aceitunas año tras año. Y de esos frutos, el zumo: aceite de oliva virgen extra 100% guipuzcoano del caserío Altuna, en Vergara .
El matrimonio formado por Alberto Etxagibel y Lia Altuna junto a sus hijos es el promotor de este ensayo iniciado junto a otros baserritarras de Gipuzkoa años atrás. Muchos quedaron en el camino ante las dificultades para mantener con vida un cultivo más propio de zonas mediterráneas o continentales que atlánticas. El exceso de lluvia facilita la vida a grandes enemigos del olivo como son los hongos, en concreto el repilo y la cochinilla negra. Pero en el caserío Altuna han logrado hasta el momento hacer frente a ese y a otros peligros desde que se lanzaron a la aventura de cambiar el paisaje que rodea el caserón, situado a unos 460 metros de altura. “Hace unos años talamos los pinos y teníamos claro que no queríamos una plantación forestal tan cerca de la casa, por lo que, después de estudiar varias opciones como los manzanos, plantar olivos nos pareció la más interesante. Nuestro proyecto incluye integrarlos en el ecosistema mediante prácticas naturales, por lo que hemos optado por el cultivo ecológico para producir un aceite de calidad. Es un reto que esperamos superar”. Este sencillo argumento fue el inicio del complejo diálogo con los nuevos “moradores”, en su mayoría de la variedad Arroniz (90%) complementados por la Arbequina (10%).
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