02 junio, 2015

Javier Janaid fabrica desde Rute guitarras y bajos en madera de olivo para músicos de prestigio internacional

Hay músicos que reparten en su trayectoria la condición de artistas y artesanos. Con los años, de forma paralela a la creatividad, adquieren el oficio para complementar las ideas y seguir facturando obras impecables. Javier Janaid es músico, pero en su caso esa doble condición de artista y artesano alcanza una dimensión más profunda. Se ha ganado la reputación internacional como lutier, aunque reconoce que sin su faceta de músico sus trabajos no tendrían la misma terminación. Sabe que cuesta entender qué quiere el músico para alguien que no lo es. Además de intuir mejor qué tipo de sonido persigue, le permite controlar todo el proceso de elaboración del instrumento, “tocándolo, para ofrecer al músico lo que está buscando”. Con esa doble vertiente de artesano en el arte de fabricar instrumentos, ha conquistado el mundo; al menos, el mundo de los músicos. Algunos de los virtuosos más reputados del planeta “guardan cola” para tener uno de los productos de Janaid. Como anécdota, ya ha asistido a casos en que han procurado imitar sus modelos. Fue con una marca china, eso sí, de fabricación en serie.
Por encargo también hace guitarras, pero se centra en la fabricación de bajos. No en vano, ha sido bajista profesional durante veinte años, relata. Lo último que acaba de entregar es un ejemplar para el coreano Sanming Ha, un referente del jazz asiático. El lutier matiza: no trabaja para él, sino “con él”. Se trata de que haya “una simbiosis con el músico para crear una herramienta que le sea útil”. Su conquista global la ha conseguido desde nuestro término, más concretamente desde Llanos de Don Juan. Ahí se ha asentado, procedente de su Jerez natal. En la aldea ruteña ha hallado su oasis creativo y sobre todo el entorno idóneo para la personalidad de sus instrumentos. Como un guiño de agradecimiento o reconocimiento a esas raíces andaluzas, el diseño de sus modelos remite al autóctono porrón. A diferencia de otros artesanos, aquí tiene la posibilidad de trabajar con el olivo, “una materia prima excelente”. Incluso cuenta con la complicidad de algunos propietarios, que antes de talar o quemar una rama inservible le consultan si puede aprovecharla. La única pega que presenta es que requiere una selección muy minuciosa para asegurar una buena calidad de sonido. En Rute, ha dado con dos fincas con ejemplares que ofrecen una madera que suena “francamente bien”.
No es sólo una opinión suya. A nivel internacional, los músicos le piden instrumentos hechos con olivo, porque su sonido es “radicalmente diferente”. Cree que esa sonoridad especial se gesta en “los diferentes microclimas que hay en Rute”. En general, los instrumentos que hace proceden de olivos viejos, “con la veta muy apretada”. La otra condición es que en estas tierras de secano el olivo haya crecido con libertad, “sin forzar”. Ello hace que sea distinto “el poro, la célula de la madera”, lo que se traduce en esa sonoridad diferente. Para el sonido, “pero también para la estética”, las partes más aprovechables son las cercanas a la raíz “y a la corona, donde el árbol abre”. Eso no significa que de una sola rama salga el instrumento de una pieza. De hecho, se suele trabajar con dos materias. Lo normal, apunta Janaid, es recurrir al arce para el mástil de una guitarra o de un bajo “por su flexibilidad y su dureza”. El “cuerpo” suele hacerse con dos maderas: la “tapa” sería de olivo en su caso, mientras que para la caja de resonancia usa cedro o una de las variedades de caoba permitidas.
A veces, multiplica más aún las combinaciones. El bajo que ha enviado a Sanming Ha tiene el mástil “laminado” con madera de iroco, arce norteamericano y nogal de Rute. En cuanto al cuerpo, su interior está hecho con cedro, la tapa trasera con moral “también ruteño” y lo que sería la tapa principal con olivo. El lutier detalla el proceso de elaboración de este instrumento porque contiene muchas maderas encontradas en nuestro término. Cree que es un ejemplo de que no hace falta ir a África, “a la selva ecuatorial”, a cortar árboles, “aquí se puede gestionar muy bien lo que tenemos”. Y esa condición de aprovechar lo que da el entorno es algo de lo que hace gala Janaid. Por supuesto, la otra peculiaridad es la trabajar con el olivo. Puede que sea el único que lo hace. A las grandes marcas mundiales no les trae cuenta. Para Gibson o Fender “no es rentable cortar cuarenta olivos para encontrar quince tapas”. Pero artesanos con menos pretensiones como es su caso sí se lo pueden permitir. Esas “factorías” suelen utilizar maderas como el arce rizado. Sin ignorar su calidad, no logran la sonoridad del olivo. Y es algo que los músicos internacionales están descubriendo.
Por otra parte, un artesano basa la sonoridad en las cualidades de la madera, mientras que las multinacionales priorizan “las pastillas, los receptores”. Además, el matiz diferenciador del olivo está en que aporta “claridad en las frecuencias medias”. Asegura que los sonidos graves son “muy claros, y los agudos muy nítidos”. Desde un punto de vista técnico, ofrecería una señal “muy equilibrada”. Como músico, hay otra característica en el olivo que no puede describir salvo tocando, y es “la calidez, una dulzura que no tienen otras maderas”. No es tangible, pero justo esa dulzura está llamando la atención de los usuarios de estos instrumentos. El caso del coreano Sanming Ha no es aislado. En estos días ultima una pieza para Victor Wooten, uno de los mejores bajistas del mundo, ganador de seis premios “Grammy”. Para Wooten está preparando un bajo de olivo y nogal, en ambos casos de Rute. También tiene reputación internacional el italiano Vincenzo Maurogiovanni. Con él lleva cinco años trabajando “en una maravillosa simbiosis”.
Fabricando para esos artistas, ¿un producto Janaid tiene precios prohibitivos para un músico convencional? Hay de todo. Deja claro que, con modelos tan concretos, un artesano nunca podría cobrar las horas que le dedica, pero apunta que el modelo Victor Wooten puede rondar los seis mil euros. De ahí para abajo, hay gamas muy asequibles sin restar calidad. Según aclara, el precio final se encarece en función de los accesorios que pide el músico. Pero el modelo “básico” no deja de ser un instrumento “hecho a mano, con todo el cariño, con el sonido Janaid y de altísima calidad”. Es más, procura ofrecer precios “razonables” para esos artistas “desconocidos, con pocos recursos, pero con mucho talento y mucha pasión”.
Fuente:radiorute.com