21 mayo, 2015

Un proyecto europeo desarrollado en Loja permite generar electricidad a partir de los residuos de la aceituna

El aceite de oliva viene demostrando que es uno de esos productos del que se aprovecha todo. Lo que no se había constatado es que, además, podía generar energía. Y eso es lo que ha conseguido durante el último año la planta piloto instalada en la cooperativa lojeña de San Isidro, que ha sido el epicentro de un proyecto europeo completamente innovador. Se trata del proyecto Biogás2 PEM-FC, una iniciativa incluida en el VII Programa Marco de la Unión Europea que ha demostrado que se puede generar calor y electricidad a partir de residuos de la industria olivarera, como el alpechín o el alpeorujo.
Según el ingeniero técnico agrícola de San Isidro, Antonio Rodríguez, "ha sido un proyecto experimental que ha servido para conocer cómo el alpeorujo y el alpechín -dos de los subproductos del aceite de oliva- puede servir para generar electricidad". En la cooperativa lojeña, no obstante, están acostumbrados a ir sumando las últimas tecnologías para reducir costes y mejorar la calidad de producción. "Desde hace unos cuatros años contamos con un sistema de centrifugado para 'lavar' el aceite que ha permitido reducir 1.000 veces la cantidad de agua necesaria", destacó Rodríguez.
En el caso del proyecto Biogás, hablamos aún de un proyecto piloto de energías renovables, en el que se ha utilizado alpeorujo –un resto del que aún se sacan otros aceites de inferior calidad–, el alpechín –la pasta resultante de otra fase de la producción– y purina de una granja de cerdos lojeña cercana a las instalaciones oleícolas. El proceso supone que durante 40 días esta mezcla está fermentando en condiciones anaeróbicas (sin oxígeno) y también sin luz. A raíz de esta fermentación se produce un gas rico en hidrógeno y, tras varias fases,se acaba obteniendo ni más ni menos que agua y energía eléctrica.
Doble eficiencia
Además de demostrar la utilidad que este tipo de residuos como fuente energética renovable, este proyecto piloto único en Europa también ha aportado datos tan curiosos como la forma de evolución de las bacterias en estos procesos. "Si esto sale bien y el proyecto piloto se desarrolla a otra escala, se podría usar en cooperativas como la nuestra, al menos para cubrir parte de nuestras necesidades energéticas, que son muy importantes". Una cooperativa como San Isidro de Loja, que moltura 40 millones de kilos de aceituna al año, utiliza dos transformadores de 1.000 KVA. Por eso, San Isidro estuvo interesada en participar desde el principio y FAECA le tomó la palabra. Durante casi un año esta pequeña planta de energía renovable ha estado haciendo diversas pruebas para recoger datos que avalen las posibilidades reales que este recurso puede tener si es aplicado al suministro eléctrico de una fábrica de cierto tamaño.
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