22 enero, 2015

El litro de aceite jiennense se paga a 6,5 euros en el extranjero

Antes, cuando las cosechas venían escasas, las aceiteras jiennenses se limitaban a abastecer a sus clientes más cercanos y señalaban, con algo de pesadez, que no había producto suficiente para salir al extranjero.

 Ahora, la producción viene muy corta, pero la idea ha cambiado. El año pasado, la mayoría del aceite de oliva se vendió fuera de las fronteras españolas, simplemente, porque los operadores consideran que el mercado español es injusto a la hora de pagar el esfuerzo que conlleva producir un litro de aceite de oliva. En cambio, sí que ven mucho más rendimiento en el extranjero. El secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores de Andalucía, Agustín Rodríguez, ratificaba el verdadero motor de la exportación del aceite de oliva. Cada litro de aceite jiennense se paga a una media de 6,5 euros en el extranjero, mientras que el mercado español no ha dado ni 3 euros durante los últimos meses.
De hecho, si se calcula el precio medio en la tienda del aceite de oliva durante la última campaña, los vendedores han recibido alrededor de 4,5 euros —resultado de sumar lo que se paga dentro de España y fuera de las fronteras—. Sin embargo, las empresas que han optado por la internacionalización han obtenido mejores registros. En cambio, los que han suministrado el producto para que se vendiera dentro del país han tenido una peor cuenta de resultados.
España comercializó 1.110.800 toneladas en el extranjero, lo que se traduce en un 43% más que la media de los últimos cuatro años. Aproximadamente, el 44% de este aceite de oliva salió de las fábricas jiennenses, lo que denota la enorme capacidad productiva de esta tierra. Sin embargo, esta vocación exportadora no nace de las inquietudes empresariales altruistas por explorar otros mercados, sino, simplemente, porque los consumidores extranjeros han pagado una media de 6,5 euros por litro, mientras que en España no se llegaba ni a los 3. De ahí que los emprendedores que tienen estructuras comerciales y departamentos para internacionalizar sus productos se han lanzado a la conquista de “nuevos mundos” porque han sido mucho más rentables.
Cada vez hay más empresas de esta provincia con capacidad para vender en el extranjero. Precisamente, el informe de Analistas Económicos de Andalucía, que es el instituto de estudios de Unicaja, señalaba que las exportaciones de las empresas de Jaén crecieron un 30% durante el último año gracias al elevado ritmo de comercialización de aceite de oliva en países emergentes o en los mercados tradicionales, en los que la grasa se conoce y se utiliza de una forma más común en la gastronomía. Aquí ha jugado un papel clave la Interprofesional del Aceite de Oliva Español, que ha puesto en marcha campañas para la promoción del producto financiadas con fondos del propio sector y con ayudas de distintas administraciones.
No obstante, pese a que el zumo de la aceituna que se ha hecho en Jaén se ha pagado caro, gran parte de este beneficio se ha escapado de esta tierra. A Jaén le vuelve a pasar igual que hace años. Antes no controlaba las estructuras comerciales del país y sus aceiteras se dedicaban a molturar aceituna y llenar cisternas a cambio de un precio, que era muy inferior en relación al que luego se vendía el producto en los lineales. Aquí se ha avanzado bastante, aunque todavía no lo suficiente. Pero ahora la “guerra” está en los mercados internacionales, a los que resulta muy complicado acudir si no se tiene dimensión y unas estructuras profesionales. Y cuando no se obtiene, solo queda resignarse para conseguir un buen precio a granel para que otra empresa consiga el dinero que se logra en el extranjero y se embolse la plusvalía de la operación comercial.
la evolución. Los primeros meses de la nueva campaña oleícola han dejado claro que el ritmo de venta no frena. Existe una cosecha baja y, si no se ajusta la demanda a través del precio —que suba el aceite para que se compre menos—, existen ciertas dudas de que se pueda abastecer a todos los clientes. Antes se daba por supuesto que el ritmo de exportaciones bajaría porque no había producto disponible. En cambio, ahora los fabricantes y comercializadores se encuentran con un escenario bien distinto. El mercado extranjero paga casi el doble por el producto, por lo que, si se mira la rentabilidad —el fin primordial de la empresa—, hay que vender siempre al que lo paga mejor.
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