05 junio, 2014

El aporte sustentable de la industria del aceite de oliva

Los restos de la cosecha de olivos se convierte en energía o alimento para animales como parte de las buenas prácticas de la industria agrícola. Es el caso de los fabricantes del premiado aceite Petralia.

Disminuir el impacto ambiental también es parte de la carta en las empresas de aceites de oliva y vinos chilenos que se unen a la tendencia de innovación industrial al convertir los restos de la producción en forraje o energía.
Es el caso de la empresa familiar Terramater que tiene su centro de operaciones en el Fundo Peteroa, Sagrada Familia. "Un trabajo de 3 generaciones", describe Alfredo Schiappacasse, gerente general de la firma. Se refiere a olivos que se plantaron sus abuelos en los años '50 en Curicó y que han sido cultivados por generaciones de familiares y empleados de confianza. "Hay toda una historia detrás de esta producción que no es la de 2 ó 3 personas que se reunieron para fabricar aceite. Es gente que sabe manejar muy bien todos los detalles desde la producción del árbol y la fábrica, sin olvidar las buenas prácticas", agrega.
Así se logran productos como el premiado Petralia, elegido el mejor aceite de oliva de Sudamérica por la revista gastronómica más importante de Alemania, Der Feinschmecker, que lo galardonó además entre los 5 mejores aceites de países no tradicionales (Provenza, de Francia; Istria, de Eslovenia; Istria, de Croacia; y Peloponnes, de Grecia), es decir cuyo origen no es España ni Italia El jurado lo describió como un aceite notable y excitante, con aroma a almendra, alcachofa, rúcula y un sabor amargo agradable.

Buenas prácticas ambientales


Las buenas prácticas agrícolas de las que habla Schiappacasse son tradición familiar. "Partieron hace varios años y en eso nos comprometimos con otros consumidores nacionales e internacionales: queremos influir en tener buenas prácticas en la producción agrícola e industrial y muchos otros detalles, desde cumplir con las normas de seguridad, la huella de carbono, etcétera", explica.
Por ejemplo, las 2 calderas para calentar agua que funcionan en las viñas de la empresa usan como combustible los restos de la producción de aceite de oliva, es decir lo que queda de cuescos, hollejos y otros despojos que son secados y usados para combustionar dado el poder calórico natural del aceite.
"Logramos ahorros inmediatos con esta implementación con algo que producimos nosotros mismos, evitando costes de fletes y optimizando el transporte. Queremos aumentar estos recursos. También los envases que usamos son aporte de las cristalerías chilenas y hemos optado por botellas más livianas que dejan menos huella de carbono también", agrega.
"Como empresas estamos en las vitrinas y somos un producto que llega con nuestra marca a la mesa y nadie quiere consumir un producto que no respeta el medio ambiente o a la comunidad que esta alrededor", dice Schiappacasse.
Fuente:lanacion.cl