20 enero, 2014

Aceite de oliva, ¿engaño y fraude?

Vivo en una zona eminentemente olivarera y entre mis recuerdos de niñez (ya he cumplido los 60) aparece un montón enorme de aceituna tan compacto que había que utilizar la azada para deshacerlo y en esta operación aparecía materia orgánica en estado de descomposición con el consiguiente mal olor. De ahí se extraía aceite que lógicamente no era acto para el consumo y cuyo nombre es aceite lampante (para uso en las antiguas lámparas de aceite). Esto ocurría porque los sistemas de molturación eran tan primitivos que difícilmente eran capaces de asimilar la poca entrada de producto que se producía. La recolección podía terminar a mitad de febrero y aún en abril podía haber aceituna sin molturar. Recuerdo haber oído que el mejor aceite era el que tenía en torno a un grado de acidez, era prácticamente el único parámetro que se manejaba (tremenda barbaridad fruto del desconocimiento). La economía del sector no podía soportar tanta cantidad de aceite no apto para el consumo por lo que este producto se somete a procesos químicos de desodorización, decoloración, disminución del grado de acidez, etc... Estos procesos son muy traumáticos ya que en ellos se utilizan productos químicos tan activos como la sosa o el ácido sulfúrico. El producto resultante es un líquido viscoso, incoloro, inodoro e insípido (aceite refinado) cuya comercialización no sería fácil. Para poder darle salida a este producto se permite mezclarlo con aceite de oliva virgen o virgen extra (a veces la proporción es de un 5% de oliva virgen o virgen extra con un 95% de aceite de oliva refinado) para darle cierto color y sabor. De esta manera surge lo que actualmente se conoce con la denominación de "aceite de oliva", para mí el mayor fraude consentido que soporta el consumidor.
En el proceso de extracción también podemos obtener aceite de oliva virgen y aceite de oliva virgen extra. Si bien el segundo tiene unas cualidades impecables, el primero tiene unas buenas propiedades y ambos se producen sin ningún tratamiento químico. En su extracción sólo se permiten procesos físicos que no alteren las propiedades iniciales del producto.
Les cuento todo esto para que los que no conozcan el sector puedan entender la manipulación que, con consentimiento de la administración, se está haciendo desde hace mucho tiempo, en un sector que es el motor de la economía de la provincia de Jaén.
Hace años las almazaras no estaban preparadas con la tecnología adecuada y normalmente obtenían más aceite lampante que virgen o virgen extra, por lo que para abastecer el mercado y hacer rentable las explotaciones era necesario acudir al aceite refinado que con la mezcla comentada pasa a tener la denominación "aceite de oliva". Actualmente la totalidad de las almazaras existentes tienen una
capacidad de molturación similar a la entrada de aceituna y las técnicas de recogida han evolucionado tanto que si se lo proponen son capaces de obtener un 90% o incluso próximo al 100 % de aceite virgen o virgen extra. ¿Por qué seguimos con la engañosa denominación "aceite de oliva"?.
Es cierto que desde la administración se está promocionando el aceite de oliva virgen extra pero se está haciendo a costa de denostar el aceite de oliva virgen, y sin embargo seguimos con la absurda denominación de "aceite de oliva" para un aceite que ha dejado en el camino muchas de las buenas propiedades del zumo de la aceituna y además se le permite etiquetarlo añadiendo al nombre de "aceite de oliva" adjetivos como sabor suave o sabor intenso, como algo que los hace mejores ante el consumidor. Por el contrario su composición, aceite de oliva refinado y aceite de oliva virgen, aparece en un tamaño de letra mucho más pequeño. ¿Por qué se permite este engaño? Se da la circunstancia que en alguna ocasión se ha llegado a someter a procesos de refinado a aceites vírgenes, que eran actos para el consumo, para poder abastecer el mercado del "aceite de oliva" que no se podía atender con el aceite lampante producido.
Desde aquí quiero proclamar la bondad del "aceite de oliva virgen" frente al "aceite de oliva" a pesar de que el mercado consume, por desconocimiento del consumidor, mucha más cantidad del segundo aún siendo ínfima la diferencia de precio.
Mi propuesta sería permitir tres denominaciones: aceite de oliva virgen extra, aceite de oliva virgen, ambos con las actuales exigencias de calidad y una tercera denominación que podría ser algo así como aceite de oliva procesado con productos químicos. Esta tercera denominación correspondería con aceite de oliva refinado sin ninguna mezcla de otra clase de aceite.
Indudablemente esta tercera denominación tendría que abrirse paso en el mercado compitiendo con aceites refinados de semillas tales como el girasol. Seguro que abarataría su precio pero a costa de mejorar el precio de las otras dos denominaciones, y si no consigue entrar en este mercado, bastaría con mandar el aceite lampante a producir biodiesel, con lo cual retiramos del mercado un producto de mala calidad, disminuiríamos los excedentes, dejaríamos de engañar al consumidor y seguro que se revalorizaría el verdadero aceite de calidad.
Fuente:ideal.es