25 noviembre, 2013

O-Med envía sus primeros pedidos de aceite de oliva a Australia y Nueva Zelanda

La firma malagueña Venchipa, que ha apostado desde un primer momento por la calidad, exporta el 70% de su producción a 32 países
El aceite de oliva virgen extra español y malagueño está de moda en el mercado exterior. Sobre todo si se trata de un producto gourmet de alta calidad propio de los mercados más exigentes. Tanto es así que cada vez son las empresas oleícolas de la provincia que quieren apostar por la exportación como vía para ganar valor añadido. Este es el caso de Venchipa, una firma con sede social en Málaga, aunque con fábrica en el pueblo granadino de Acula, que con una producción de aceite de oliva virgen extra de apenas 200 toneladas anuales de media, aunque de máxima calidad, ha conseguido exportar su producto, que se comercializa con la marca O-Med, a 32 países.
«Nos encontramos en mercados tan exóticos como Emiratos Árabes o Qatar, así como en los principales países europeos, EE.UU., Canadá y Asia. Japón es un mercado por el que apostamos muy fuerte. Recientemente, hemos introducido con gran éxito nuestros aceites en Australia y Nueva Zelanda», señala el administrador de la sociedad, Juan de Dios García Casas.
El resultado de la apuesta exportadora de esta pequeña empresa familiar malagueña es una facturación anual superior a los 2,5 millones de euros.
Según García, el proyecto O-Med nació en 2006 «ante la necesidad de aportar a nuestra materia prima un valor añadido y vender el aceite que producíamos envasado en lugar de a granel. Hasta entonces habíamos sido socios cooperativistas y molturábamos nuestra aceituna junto con otros socios para a finales de año liquidar al precio que se había logrado vender a granel».
La puesta en marcha de O-Med se produjo tras un minucioso estudio de mercado que permitió a la empresa comprobar que existía un gran nicho de mercado en los aceites vírgenes extra de calidad en el que se encontraban solamente aceites envasados en Italia. «Así comenzamos a crear un diseño único y llamativo, un aceite con la máxima calidad posible y un nombre que mostrara nuestra clara vocación exportadora», señala Juan de Dios García.
Según el administrador de la firma, los comienzos no fueron fáciles. Primero, porque hicieron necesaria una fuerte inversión. Y segundo, porque exigieron coger la maleta y pasar muchos días fuera de casa buscando mercados. «Tanto mi hermana Paula como yo, nos hemos echado la mochila a cuestas, y hemos recorrido la mayoría de los países en los que ahora podemos encontrar nuestros productos, tanto en las mejores tiendas como restaurantes de todo el mundo», explica García, quien destaca asimismo haber tenido la suerte de «saber rodearnos» de la gente adecuada, entre ellos Brígida Jiménez, «sin la cual nunca hubiéramos podido producir el aceite de la calidad que actualmente elaboramos», asegura.