23 octubre, 2012

Los olivos de Getsemaní, entre los más antiguos del mundo

Los olivos del jardín de Jerusalén venerado por los cristianos como el lugar donde Jesucristo rezó antes de ser crucificado han sido datados con al menos 900 años de antigüedad, según un estudio publicado el viernes.
Los resultados de las pruebas hechas a los árboles del Jardín de Getsemaní no han resuelto la cuestión de si los nudosos árboles son los mismos que acogieron a Jesús, donde la Biblia dice que rezó y fue posteriormente traicionado por Judas, porque los olivos pueden renacer de sus raíces tras ser cortados, según los investigadores.
"No podemos descartar la posibilidad de que hubiera una intervención para rejuvenecerlos cuando dejaron de ser productivos o si los dejaron secar", dijo el jefe del equipo investigador, el profesor Antonio Cimato en la presentación de los resultados en Roma.
"Pero déjenme decir algo: no hay ninguna cita de literatura científica de plantas de mayor edad que nuestros olivos. Nuestros olivos están entre los árboles de hoja ancha más antiguos del mundo", dijo Cimato.
La datación por carbono mostró que las muestras tomadas de las partes más antiguas de los troncos de tres de los ocho árboles provenían de 1092, 1166 y 1198, según el estudio realizado por el Consejo Nacional de Investigación de Árboles de Italia y el Instituto de la Madera, además de por académicos de cinco universidades italianas.
A los otros cinco árboles de Getsemaní, que significa "prensa de aceite" en arameo, el idioma hablado por Jesús, no se les pudo realizar la prueba por estar demasiado anudados como para que sus troncos pudieran ser ahuecados, con sólo las partes más jóvenes a la vista.
Referenciado en varias ocasiones en el Nuevo Testamento, el olivar está al pie del Monte de los Olivos en Jerusalén, un lugar importante para las religiones cristiana, judía y musulmana.
Aún así, a pesar de su larga edad, el estudio mostró que los árboles se encontraban en excelente salud y no se habían visto afectados por la contaminación de la zona.
El análisis de su ADN halló que habían sido sembrados a partir de una misma planta, posiblemente con la intención de preservar un particular linaje, según los investigadores.
Pierbattista Pizzaballa, que es el Custodio de la Tierra Santa en la orden franciscana que mantiene el lugar, dijo que esto podría mostrar un intento deliberado de transmitir un precioso patrimonio a las futuras generaciones.
"La cuestión no es si estos son los árboles genuinos, sino si este es el lugar al que se hace referencia en el Evangelio. Y este es el lugar, sobre eso no hay dudas", dijo Pizzaballa.
  Fuente: Reuters